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LA INTEGRACIÓN SOCIAL TIENE UN ATAJO: LA PARTICIPACIÓN.

Llevo más de 25 años observando no sin una gran dosis de decepción y rabia cómo aquello por lo que tantas personas hemos luchado y que hemos denominado integración social de las personas con discapacidad, no ha sido más que una simple quimera y un triste juego de fantasía. Siempre los mismos problemas (exclusión y desigualdad de oportunidades), los mismos defectos (paternalismo y conmiseración) y las mismas expectativas (marginación y desconocimiento).

Sigo sin entender cómo tantas y tantas personas en situación de discapacidad pero con suficientes posibilidades para luchar y salir a la calle a reclamar, a exigir sus derechos ciudadanos, se quedan en casa atrincherados, paralizados no se sabe muy bien por qué, esperando quizás el maná que llueva del cielo. Conozco muchas personas en situación de discapacidad habitualmente encerradas entre sus cuatro paredes que salen a la calle siempre con personas como ellas, a los mismos sitios y a las mismas horas, evitando siempre nuevos contactos sociales, nuevos horizontes, experiencias distintas.

Se quejan de que la sociedad no les integra, que les margina y no atiende a sus necesidades. Y yo me pregunto ¿se han mostrado de forma clara y precisa las verdaderas necesidades de las personas en situación de discapacidad? ¿Quiénes son esas personas? ¿Qué piden? ¿En qué consisten sus limitaciones? Lo cierto es que estamos ante una pescadilla que se muerde la cola: la sociedad no integra a las personas con discapacidad porque éstas no participan, lo que hace que se desconozcan sus necesidades, su propia realidad personal.

Cansado de tener como estéril horizonte la lucha por la plena integración social de estas personas marginadas socialmente y ya adentrados en el siglo XXI, he pensado que lo mejor es buscar un atajo que nos permita lograr el objetivo y en el menor tiempo posible. Y ese atajo es LA PARTICIPACIÓN.

Os propongo para ello que nos apoyemos en dos ideas que me parecen muy oportunas para el caso. Una es de Francis Bacon y dice así: la ocasión hay que crearla, no esperar a que llegue; la otra es de José Cabrera: lo importante en la vida no es lo que te ocurre, sino lo que tú haces con lo que te ocurre.

En el siglo de la Colaboración lo que toca es que todas las personas puedan ejercer su derecho a una participación social activa. Por ello, es hora de levantarse y ponerse en marcha; salir a la calle, mostrar las diferencias, enseñarle a todos los ciudadanos y organismos públicos y privados cuáles son las necesidades que cada uno tiene. Que todos caigamos en la cuenta por fin de que son las actitudes de discriminación y no las limitaciones funcionales las que impiden o limitan la pertenencia a la colectividad.


Os propongo cambiar el paso
y, más aún, el rumbo.



No perdamos más el tiempo simulando o inventando la realidad. Tanto el optimista como el pesimista tienen razón porque la botella está medio llena. Lo que verdaderamente importa es que cada uno de nosotros elegimos verla medio llena o vacía y con nuestra elección –en clave positiva o negativa- construimos nuestra realidad. Necesitamos pensar y sentir en positivo, incrementar nuestra confianza en nosotros mismos y no dudar ni un instante en nuestra propia capacidad para aprender del día a día y superar las dificultades con que nos encontramos.

Os propongo cambiar el paso, acelerar nuestras pulsaciones emocionales orientadas a la relación con los demás e, incluso, cambiar directamente el rumbo. Hay que mirar hacia delante, de cara, exigiendo lo más elemental (participar y compartir) y planteando nuevas ideas y estrategias que nos permitan a todos disfrutar de las oportunidades que la sociedad nos brinda para que cada cual satisfaga sus expectativas e intereses personales.

Cambiando el rumbo conseguiremos que el modelo social de promoción de la uniformidad dé paso a un nuevo y más atrevido modelo basado en la cultura de la diversidad; tenemos que conseguir que en nuestra sociedad lo único uniforme sea el derecho a la dignidad y la igualdad, para que podamos vivir de acuerdo con nuestras ideas y expectativas y con las mismas oportunidades sociales.

Os pido que seáis optimistas y salgamos a la calle a participar en todos los ámbitos de participación social: vayamos al teatro como los demás, al cine, a hacer deporte en las mismas instalaciones que los demás, a la compra, a tomar una copa, a trabajar, a estudiar, escribamos en los periódicos y revistas, denunciemos con cariño pero de forma contundente cualquier injusticia o actitud paternalista; utilicemos el impresionante desarrollo técnico y tecnológico de forma inteligente para que nos permita desarrollar al máximo nuestro grado de autonomía personal.; tenemos que conseguir depender cada vez menos de los demás.

El atajo es la participación: que se nos vea, que se visualicen nuestras necesidades, nuestras expectativas e intereses; todo el mundo debe poder utilizar el entorno y los servicios comunitarios de la manera más autónoma posible y en igualdad de condiciones. Es un derecho irrenunciable y no puedes quedarte en casa esperando a que un día alguien llame a tu puerta a anunciarte que ya se consiguió. Muéstrate, levanta el culo, grita, pelea, participa, exige lo que es tuyo, vente a dar una vuelta, nos tomamos una caña y nos contamos las cosas que nos pasan por la cabeza y los sueños aún no realizados. ¿Te atreves? La sociedad no es algo abstracto y etéreo; somos Pepe, Juan. Silvia, Belinda, Mónica, Rafa, Santi, Manuela y así hasta cuarenta y tantos millones de personas con nombre y apellidos; somos de carne y hueso y, también, en muchos momentos a lo largo de la vida, experimentamos lo que es una situación de discapacidad a causa de un accidente, lesión, enfermedad o envejecimiento. ¿Es tan difícil llegar a conocer las dificultades y las necesidades que se pueden tener en todos estos casos? Lo dicho: no esperes a que te integren. ¡PARTICIPA¡

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Abre los ojos y mira quién baila.



Te invito a que veas una breve y brillante demostración de lo que el ser humano es capaz de expresar cuando pone sobre el tapete toda su fuerza creadora, sus irrefrenables ansias de vivir y, sobre todo, la necesidad de vivirlo con el otro. Después de visionarlo me gustaría que contestaras a la siguiente pregunta: ¿qué es para ti la discapacidad?; y también a esta otra: ¿eres capaz de hacerlo y entenderlo todo o quizás hay algo que no puedes hacer o entender a causa de tu escasa o nula capacidad para ello? Quizás el día que aceptemos que todos somos más o menos capaces para unas cosas u otras, empezaremos a asumir que pertenecemos a una sociedad en la que nadie es marginado o privado de algunos derechos o ventajas a causa de su menor capacidad de hacer esto o aquello; de no ser así, todos, absolutamente todos, deberíamos ser minusvalorados y enviados al pelotón de los torpes e incapacitados que con tanta contumacia hemos creado y mantenido a lo largo de los siglos.


A veces cierro fuertemente los ojos y dejo volar la imaginación: soy capaz de contemplar atónito pero ilusionado una sociedad en la que todos sus ciudadanos tienen las mismas oportunidades de vivir de acuerdo con sus deseos, expectativas y capacidades; observo que algunos de esos ciudadanos necesitan ayudas y recursos para poder cumplir con sus expectativas e intereses y, entonces, - ¡qué gozada¡ - contemplo cómo los demás se afanan en buscar alternativas y medios para ponerlos a su disposición y puedan estar en igualdad de condiciones de vivir la vida de una forma plena. Se que algún día lo viviré, pero sin tener que cerrar los ojos.....

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10 razones para un deporte para todos


10 razones para un deporte para personas en situación de discapacidad.


1. La persona con discapacidad es primero y ante todo persona.

Por tanto, como una persona más, tiene todo el derecho del mundo a un deporte coherente con sus necesidades, expectativas e intereses personales. Hablamos de situación de discapacidad porque entendemos el déficit como un rasgo importante, pero sólo uno mas de la persona, que, en modo alguno, debe condicionar su pleno desarrollo personal. Haciendo deporte se hace la vida...., y es en este importante ámbito de las relaciones sociales donde cada deportista tiene la oportunidad de confrontar sus competencias, características y expectativas. La situación de discapacidad no sólo no es un freno o barrera para practicar deporte sino que, muy al contrario, se podría decir que es un motivo más e importante para practicarlo. Haciendo deporte se vive la vida..., se relaciona uno con los demás, se afrontan nuevos retos y se satisfacen demandas emergentes de los distintos ámbitos de la personalidad. Por el deporte uno se descubre a sí mismo un poco más, destapa y reconduce sus emociones más íntimas y aprende valores tales como la superación, el esfuerzo, la disciplina y la higiene mental y física. Haciendo deporte se engancha uno a la vida.... Como una persona más necesita desde los primeros años un contexto apropiado y unas oportunidades de práctica y aprendizaje que le permitan desarrollar al máximo sus habilidades motrices y competencias físicas.

2. Hace visible la situación de discapacidad y las necesidades que de ella se derivan.

Cuando uno observa a muchas personas haciendo deporte se da cuenta enseguida de que todos nos manejamos de formas diversas, tenemos distintas aptitudes para ciertas tareas y, también, dificultades para otras. Estas evidentes diferencias individuales, en cuanto a aptitudes personales y nivel de autonomía personal, hacen que cada uno de nosotros tengamos diferentes niveles de funcionamiento. También es objetivamente constatable que todos somos susceptibles de necesitar alguna ayuda a lo largo de nuestra existencia. ¿Existe alguna persona que no haya tenido necesidad de algo o de alguien en ningún momento de su vida? La necesidad como tal hay que conocerla para valorarla, hacerla visible para que se tenga en cuenta; las necesidades, siempre, deben vincularse con propuestas que las satisfagan, valorando su evolución y aprovechando en cada momento los avances tecnológicos. Gracias al deporte y a la competición de alto nivel, por qué no decirlo, la sociedad ha tenido la oportunidad de descubrir y conocer mejor las necesidades de muchas personas en situación de discapacidad que de otra manera hubieran quedado ocultas y desconocidas. De esta manera, se abre una nueva vía para concienciar a la sociedad y abocarla a unas actitudes más abiertas e inclusivas que permitan a todas las personas las mismas oportunidades y derechos fundamentales.

3. Incrementa el grado de autonomía personal.
Si hay una premisa que se cumple en todos los casos de personas en situación de discapacidad es que todos desean alcanzar y disfrutar el mayor grado posible de autonomía personal. Ser autónomo se traduce en independencia, libertad de movimientos, capacidad de decisión y disfrute de la vida como cada uno quiere. Haciendo deporte, a través de la actividad física, uno gana en competencia motriz desde una perspectiva funcional, y eso es precisamente lo que todos necesitamos y anhelamos. Cuando a través de la práctica deportiva y del entrenamiento mejoramos nuestros parámetros del movimiento, estamos mejorando nuestra inteligencia corporal-cinestésica (Gradner) que nos permite desarrollar habilidades a partir del uso inteligente de nuestro cuerpo o las partes que en él están habilitadas. ¿Hay algo más bonito que poder ir o venir, salir o entrar, hacerlo o no, preferir esto en vez de aquello, compartirlo con éste o con aquél, de forma independiente y libre?. Hacer deporte, aprender implica cambiar, orientarse hacia el aprendizaje de nuevas habilidades que me van a permitir mejorar mis prestaciones de movimiento y, por tanto, me proporcionarán más posibilidades de autonomía e independencia de los demás.

4. Mejora las funciones motrices y psicomotrices.

En situaciones de discapacidad a causa de limitaciones funcionales más o menos importantes, la necesidad de mejorar las propias funciones motrices y psicomotrices se convierte en esencial para lograr la máxima autonomía personal. El cuerpo es el instrumento fundamental para movernos por el mundo, para relacionarnos, y satisfacer nuestras ilusiones y expectativas. Ser y sentirse competente con el cuerpo y al moverse son dos premisas elementales para cada persona, que condicionan sobremanera nuestra independencia de los demás. Correr, saltar, lanzar, golpear, girar, rodar, atrapar, patinar, sentarse, colgarse, son elementos esenciales en el ámbito de la coordinación motriz, que nos permitirá con el aprendizaje y la experimentación adquirir nuevos patrones de movimiento y, posteriormente, habilidades y destrezas más y más complejas. El desarrollo del equilibrio, control de la postura y de los desplazamientos es para muchas personas en situación de desventaja física elemento central en su empeño por lograr una mayor autonomía personal. Desde esta perspectiva, cada cual, de acuerdo a sus potenciales y capacidades personales presentes tiene la oportunidad de mejorarlas a través del deporte y sacar el máximo provecho a sus cada vez más desarrolladas competencias motrices.

5. Incrementa el nivel de autoestima y una mejor imagen de sí mismo.

No parece existir duda alguna sobre el hecho de que un buen rendimiento hace que se tenga una mejor imagen. Cuando avanzamos en la consecución de nuevos logros de competencia motriz nos sentimos más capaces y la sensación de lograr nuevos retos nos hace sentir más competentes e independientes. En este punto, la motivación intrínseca, es decir, los motivos que nacen dentro, es fundamental, ya que lo que se experimenta es que uno mejora sus competencias y eso le permite ser más autónomo. Se trata de establecer una especie de pez que se muerde la cola: haciendo deporte mejoro mis prestaciones corporales y eso me motiva para seguir mejorando; trabajo constante y motivación intrínseca son las dos ruedas del molino que giran una alrededor de la otra sin parar. Mejorar la imagen de uno mismo es importante y permite incrementar la autoestima para afrontar los retos de la vida en mejor disposición y con un punto mayor de humor y satisfacción personal.

6. Prepara y abre campos en las relaciones sociales.

No cabe duda de que el deporte nos permite satisfacer la necesidad de desarrollarnos en los ámbitos cognitivo, motor, afectivo y social. En estos últimos, afectivo y social, la necesidad de ser valorado -sin paternalismos- se convierte en elemento central. Hay quien defiende que mejor unas relaciones sociales aunque sean de manera paternalista y proteccionista que quedarse en casa. Yo conozco muchas personas en situación de discapacidad que lo tienen muy claro: mejor quedarse en casa sólo que mejor acompañado. Las relaciones sociales deben ser naturales, capaces de ofrecer a cada cual de comportarse de acuerdo con sus necesidades y expectativas vitales. Es preferible no perder el tiempo esperando que alguien venga a ofrecerte algo; no simules la realidad; es mucho mejor crearla y experimentar con ella en función de las características y necesidades de cada cual. Haciendo deporte descubrimos y conocemos de primera mano los valores que constituyen el núcleo de la condición humana: la igualdad, la solidaridad, el respeto a la diversidad, la dignidad y la libertad individual. Ahora sólo nos falta aplicarlos y aplicárnoslos todos y cada uno de nosotros.

7. Permite la participación social y en la comunidad.

A través del deporte uno participa y se incluye en las mismas actividades en las que participan los demás vecinos, amigos y conocidos. Participar supone un plus de voluntad por intervenir, por adquirir y desarrollar un sentimiento de pertenencia a un colectivo del que cada uno nos sentimos ligados. Uno empieza simplemente haciendo deporte con, jugando con otros a, pero eso puede, si uno quiere, derivar en una mayor autoconfianza para intervenir en aspectos relevantes de la organización de las propias actividades, en el manejo de las relaciones sociales establecidas o en una implicación en el entorno social y sus problemas concretos con un sentido crítico. Cuando participa se implica, comparte el desarrollo equilibrado de lo emocional y lo relacional y se dispone de forma cooperativa a participar en la propuesta de nuevas formas de relación, mejora de la organización, búsqueda de nuevos materiales adaptados a las necesidades reales de los interesados, eliminación de barreras u obstáculos que pueden estar presentes en el entrono, etc.

8. Supone un reto personal de superación.

Qué duda cabe que el deporte supone un reto personal de superación. Cada cual marca la frontera de ese reto y las expectativas que quiere satisfacer. Aquí los importante es tener claro lo que se persigue, el objeto de las actividades elegidas y su relación con las necesidades que cada cual tiene planteadas. Mi experiencia personal me ha enseñado una y mil veces que las personas en situación de discapacidad que se han propuesto metas de mejora en sus prestaciones corporales a partir de déficits importantes, han trabajado de forma constante e ilusionada y han logrado superar miedos, situaciones de ansiedad, indefensión, sentimientos de frustración y bajo nivel de autoestima. Cuando uno está satisfecho de sus logros, se vuelve más y más activo, más alegre, curioso, participativo y atrevido. El deporte en su propia esencia es incompatible con sentimientos de pena, autodestrucción y desesperación, con sensaciones de desidia, desgana por hacer o por salir, con actitudes de sedentarismo televisivo, pasotismo corporal, etc. Muy al contrario, haciendo deporte se hace la vida y se experimentan y disfrutan todas esas ansias irrefrenables que todos tenemos por ser y por estar de la forma más independiente y libre posible.

9. Incrementar la autorregulación y control emocional.

Haciendo deporte se hace uno así mismo un poco más, se modela y se va pareciendo cada vez a esa imagen ideal que tenemos en la mente. Haciendo deporte, compitiendo y jugando, tenemos la oportunidad de descubrir, conocer y manejar las propias emociones; pero también de reconocer las emociones de los otros y manejar las relaciones en función de las mismas. Haciendo deporte uno desarrolla la capacidad de desarrollar habilidades para tener éxito al afrontar las demandas y situaciones que la propia actividad expone. Haciendo deporte uno tiene la oportunidad de aprender a respetarse y ser consciente de las propias capacidades y limitaciones. Haciendo deporte se desarrolla la empatía, la solidaridad y la cooperación. Uno es capaz de mejorar sus mecanismos de autorregulación y mostrarse en el grupo como un componente solvente y constructivo, fiable y confiable, afectuoso y afectivo, amistoso y amigo de la amistad.

Haciendo deporte se hace uno a sí mismo y se afianza la capacidad de sufrir situaciones estresantes y emociones fuertes sin venirse abajo y tirar la toalla; muy al contrario, uno aprende a afrontar esas situaciones de forma positiva, con optimismo y con la sensación de que se es capaz de salir adelante. El optimismo y el control de las emociones permiten mirar siempre el lado bueno de la vida, y en ese lado están las personas que son capaces de disfrutar y sentirse satisfechos con lo que la vida les ha dado, de disfrutarse consigo mismos y con los demás.

10. Accesibilidad al ámbito de la competición y la competitividad.

Ser competente y ser competitivo pueden ser las caras de una misma moneda. Ya hemos dicho que ser competente en el ámbito de lo corporal permite entre otras cosas disfrutar de más autonomía personal y libertad de movimientos. Ser competitivo supone un plus en ese corpus de competencias que le permiten a uno ser y estar en la vida; hacer deporte para contrastar las propias capacidades y confrontarlas como reto con los demás es una oportunidad para adentrarse en el proceloso mundo de sensaciones que se descubren a través de lo competitivo. Competir de forma deportiva y noble supone aceptar retos y desafíos que enriquecen sobremanera nuestras relaciones sociales; retos que tienen que ver con la superación se obstáculos y dificultades, con el afrontamiento de situaciones cambiantes y permutables que pueden poner en entredicho el propio control de las emociones. Todas las personas tienen que tener el derecho a disfrutar del deporte competitivo, recreativo, terapéutico y cualesquiera que vayan en la línea de satisfacer todas las necesidades y expectativas.

Además de todo lo anterior, quiero expresar mi más grande satisfacción cuando vi a mi amigo Manolo subirse al avión que le conducía a los Juegos Paraolímpicos a representar a España. Hace sólo unos años era un sueño: estaba poco menos que escondido en su casa, casi inmóvil e incomunicado con el mudo exterior; ahora lucía un chandal flamante que le había proporcionado la Federación y volaba con su grupo de amigos deportistas tras duros y maravillosos años de esfuerzo y entrenamiento que le han permitido codearse con la libertad y con la propia vida.
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Enhorabuena, Izaskun.


He tenido a Izaskun como alumna varios años y tengo que decir que ha sido siempre una excelente deportista, siempre correcta y respetuosa con todos sus compañeros y conmigo. Izakun hizo en Televisión Española una de las mejores cosas que se pueden hacer para avanzar en la búsqueda de una sociedad más inclusiva y abierta para todos sus ciudadanos: hacerse presente, mostrarse, que todos los ciudadanos visualicen lo que de verdad es la discapacidad. Porque es así, visualizando las cosas como mejor podemos llegar al pleno conocimiento y al cambio de actitudes que venimos reclamando durante tantos lustros ya.
Izaskun dejó claro que tiene síndrome de Down, pero no es tonta; antes que nada, es persona, y los que la conocemos sabemos de su tenacidad, su pasión por las cosas, luchadora y capaz de reclamar los mismos derechos que los demás. Su lección ante las cámaras fue precisamente la naturalidad y espontaneidad, más allá de los nervios que todos padecemos ante una cámara y nada menos que ante el Presidente del Gobierno de España. Ahí es nada. Ahí se puso ella con su chuleta interpelando al Presidente, reclamando unos derechos y mostrando ante las cámaras que, como una persona más que es, tiene unas expectativas que desea cumplir.

Ejemplos como el de Izaskun en Tengo una Pregunta para Vd, y el de ayer de Juan Manuel Montilla, "El Langui", recogiendo su GOYA al actor revelación, pueden ilustrar muy bien el camino hacia la plena integración social de las personas con discapacidad. Dejémonos de monsergas, asociacionismos trasnochados, etiquetas y grandes prohombres de la discapacidad, y pasemos a la acción; a la sociedad hay que enseñarle las necesidades, las inquietudes y expectativas y, si hace falta, hasta los dientes. La integración hay que ganársela a pulso y no esperando a que llueva del cielo. Espero ver más Izaskuns y Languis en Tv, radio, en los periódicos, en revistas y en todos los acontecimientos sociales que se organicen. Salgamos a la calle y que nos vean. Lo que no se ve no existe. Gracias Izaskun y Juan Manuel.




 
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